18 de Junio de 2014 | El último colectivo a Biblos
Guillermo nos cuenta como es el medio de transporte utilizado en las calles de Líbano

Tomarse un colectivo en Líbano es realmente vivir una experiencia, que para nosotros, no deja de ser rara y graciosa; ya sea por las situaciones que se viven o por los personajes que se encuentran a lo largo de cualquier recorrido.

 

Una mañana soleada y de temperatura ideal, dijimos: “Vayamos a Biblos en colectivo”; nos dirigimos a la Plaza Sassine, lugar central y muy conocido del icónico barrio de Ashrafieh a esperar que pasara un colectivo; y al llegar uno preguntamos si se dirigía a Dora, lugar desde donde salen la mayoría de los buses.

 

El chofer sólo atinó a negarnos con el típico movimiento de negación a la libanesa, elevando levemente las cejas y su cabeza, acompañado con un chasquido de su lengua. Ante la negación nos alejamos, pero al pasar unos segundos nos llamó nuevamente gritando hacia el interior del vehículo y como nadie tenía problemas, decidió cambiar de recorrido para llevarnos; por lo cual pagamos 1000 Libras Libanesas y nos sentamos.

 

Actualmente, en cada colectivo libanés, se puede observar la diversificación que la sociedad libanesa está atravesando últimamente; a bordo del bus entre los libaneses se mezclan sirios, egipcios, filipinos, indios, sirilanqueses y africanos, que han acudido al Líbano escapando de algún conflicto o en busca de trabajo.

 

En la mitad de nuestro recorrido nos asombró que desde un viejo edificio saliera al balcón del primer piso una persona gritando al conductor del colectivo: “Ya maalim!”, (Ey Maestro!), y haciendo un gesto con su mano para que espere; el conductor, de manera normal paró el colectivo frenando el tránsito y esperando que la persona que venía corriendo desde el edificio subiera.

 

Cómo el timbre para que el colectivo se detenga donde queremos descender en general no funciona, o en su lugar se remplazó con un cordón del cual hay que jalar, que raramente se utiliza; la forma más efectiva de parar el colectivo es gritarle al colectivero: “3amol maarouf!” (Por favor!), por lo cual se detendrá en cualquier lugar.

 

Llegados a nuestro destino intermedio, descendimos sin saber donde deberíamos tomar el próximo colectivo a Biblos; por lo cual, le preguntamos a un policía que se encontraba dirigiendo el abundante tránsito: Ta ru7 3a Jbeil? (Para ir a Biblos?); el cual, mirando hacia el lado contrario de la calle que pasaba una pequeña van roja a toda velocidad, silbándole con sus dedos de una manera muy audible, la misma clavó los frenos rechinando los neumáticos.

 

“La wein ray7in?” (Dónde van?); tras decirle nuestro destino y pagarle 3000 Libras Libanesas, nos acomodó según el orden en el que iban bajando los numerosos y apiñados pasajeros; el camino a Biblos no se tornó muy largo sino divertido acompañado con el Dabke que sonó durante todo el trayecto hasta que llegamos a nuestro destino deseado, la mística Biblos, donde pasamos un día soñado caminando por sus milenarias calles de piedra.

 

Guillermo Schwerdt Tanos

Filial Bahía Blanca

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